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A esta chica han debido de informarla mal. Quería comprarse una nueva crema facial para las arrugas y le recomendaron un puestecito pequeño en la calle mayor del pueblo. Allí vendían productos naturales, tipo herboristería, pero se ve que le medicación se la ha tomado muy fuerte esta vez, porque la muy despistada se ha metido en el confesionario de la parroquia, y no sabe que el amable vendedor no es tal, sino un listillo disfrazado de sacerdote que a cambio de la crema le pide una mamada. “Joder, yo creía que eso del trueque era otra cosa”, dice la chica, resignada. Eso sí, tras la corrida en su cara crema sí que consigue, sí…